Ricard Casas. Miguel Sintes Coll.En una reunión de amigos, contando con la presencia de Ricard Casas, pude comprobar una vez más, la diferencia entre una persona profesional-vocacional de otra persona profesional.
Ricard es un auténtico profesional-vocacional. Su mundo, el Basket, es su vida, su obsesión, su enfermedad. Sus genes infectados crónicamente por un proceso vírico, no aceptan ningún antídoto para su curación.
Es el entrenador que cualquier presidente quiere para su Club. Trabajador incansable, exigente al máximo con él mismo y con sus colaboradores y por supuesto con sus jugadores. Licenciado en Educación Física, con mentalidad deportiva al 100% por 100%, disciplinado, es un ejemplo, un prototipo y creo que un buen tipo.
Sus palabras me quedaron grabadas en mi disco duro, y ahora, después de ver el programa La Prórroga de Televisión Menorquina, mi procesador mental me ha regenerado este antiguo archivo temporal que caducaba a corto plazo.
De su boca salió un sabio consejo dirigido a un entrenador amigo mío: "Nunca dejes que los números estadísticos que utilizamos los entrenadores en nuestro trabajo diario te hagan perder la intuición, la improvisación, la decisión no preparada, porque de lo contrario el deporte dejará de ser deporte, y nosotros acabaremos siendo robots sin alma". Quién sabe, a lo mejor Ricard a caído en el pozo que el mismo ha cavado.
Ricard es cuestionado, es criticado, es acusado, incluso por aquellos que lo habían colocado en lo alto del pedestal de Bintaufa. Ahora resulta que esto es la ley del deporte, que cuando algo no funciona siempre un cambio de entrenador provoca una reacción. Que si ha fracasado con los fichajes, que si la presión que ejerce sobre los jugadores es demasiado alta, que si está enfrentado con el Presidente, que es muy cabezón y no acepta que se metan en su trabajo, y etc.y etc,y etc.
Pero el Basket, como el fútbol, es un deporte de equipo. Y en este equipo juegan todos. Todos, que significa todos. Doce jugadores, varios técnicos, varios directivos y por supuesto mucha afición.
No se sabe quién ficha, no se sabe quién dirige, no se sabe como funciona la estructura del club, a ver quién es aquí el más importante. Demasiadas dudas en una empresa que factura más de seis millones al año, con mucho capital público.
Esto no es un Equipo, es otra cosa que prefiero no mencionar.
La crisis agudiza el ingenio, pero la falta de tranquilidad no permite realizar un buen trabajo, provocando un mal resultado. Ricard no se ha caído, a Ricard lo han empujado al pozo.
Pero ojalá vengan a Menorca muchos Ricard Casas.
Te deseo desde mi ignorancia total del mundo del baloncesto la suerte que te mereces.
Miguel Sintes Coll,
Email, 3 Febrero 2009.
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