El voto en blanco computable: legitimando la democracia Guillermo Alonso de Armiño - Ciudadano en BlancoSi no estamos de acuerdo en el hecho que la democracia tiene que ser el poder del pueblo, ya no vale la pena seguir leyendo este breve artículo.
Por cómo está organizado el sistema político el poder no recae en el ciudadanos sino en los aparatos de los partidos, que escogen los candidatos y prácticamente impiden la aparición de nuevas formaciones.
Así, la democracia acaba siendo un sistema impuesto que en realidad está controlado no por los ciudadanos sino por sus representantes.
La democracia ganaría mucha credibilidad si se nos permitiera votar contra toda la clase política, contra los vicios del poder, contra la endogamia que practican, contra la entelequia que han creado para mantenernos entretenidos.
La democracia se preservaría sincera si los ciudadanos conserváramos este pequeño pedazo de soberanía que tenemos, en cuanto que miembros del pueblo que ostenta el poder primero y último en las democracias reales. Y para conservar este pedazo de soberanía es imprescindible que se nos permita decir no a todos: NO ENTREGO MI SOBERANÍA A NADIE, y por eso este trocito en el parlamento, congreso o ayuntamiento tiene que quedar vacío si suficientes ciudadanos piensan como yo.
Si no existe la opción a decir NO, yo no tengo el trocito de poder que me corresponde como miembro del pueblo, no tengo derecho a representación y políticamente no existo. Quién defenderá mis derechos si ni siquiera dejan que lo haga una silla vacía?
La primera piedra de la democracia es garantizar el respecto a la soberanía de cada cual de nosotros. El voto en blanco computable es la pieza del engranaje que falta para que todo el mundo tenga cabida en esta todavía a día de hoy insuficiente e ilegítima democracia, i Ciudadanos en Blanco, el partido de la silla vacía lo hace posible este año en el Consell, Govern, Maó i San Luis.
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