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Desmontando las manipulaciones separatistas

Barcelona, Gerona, Sabadell, Manresa, Sant Cugat, Zaragoza, Valencia, Madrid, Palma, Ciutadella, Mahón… y miles de ciudades y pueblos de toda la geografía nacional han presenciado manifestaciones que son la expresión de la vitalidad vibrante del sentimiento de millones de españoles que no vamos a renunciar nunca a nuestros principios.

La España que quiere mantenerse unida sin fronteras que nos separen dentro de nuestra propia Patria, está saliendo cada día a la calle para reivindicar el valor de la unidad de España desde el respeto a su diversidad en contraposición a los excesos del separatismo que está asolando Cataluña.

El separatismo ha intentado apuntalarse con argumentos económicos: “queremos la independencia para salir de la crisis”, declaraba hace unos años Carme Forcadell. Incluso hubo separatistas que llegaron a prometer sin ruborizarse que con la independencia habría más trabajo en Cataluña para los jóvenes. Esta diáfanamente claro que Más y Junqueras mintieron como bellacos al asegurar que ninguna empresa se iría de Cataluña el primero y pretender quitar importancia a este hecho el segundo, cuando los cambios de sedes sociales empresariales, traslados de centrales de empresas a otros puntos de España y la salida de empresas de Cataluña ha ascendido a 2.388 en poco más del mes transcurrido entre el 1 de octubre y el 9 de noviembre y estas empresas representan un importante porcentaje del PIB catalán. Cuando resulta que todos los sectores de la economía catalana experimentan una profunda recesión desde el 1 de octubre. Cuando los ingresos de la Generalitat padecerán un drástico descenso debido a las muchas empresas que ya no liquidarán sus impuestos en Cataluña.

La realidad es que el separatismo está hundiendo Cataluña y causando un daño a la economía catalana del que le costará mucho tiempo y esfuerzos recuperarse y que aún se agravaría mucho más en caso de que llegara a consumarse la separación con la consiguiente salida de Cataluña de la Unión Europea -a pesar de las falacias separatistas negando esta cruda y evidente realidad, que no tienen ninguna credibilidad al proceder de las mismas fuentes que negaban que fuese a producirse un éxodo empresarial en Cataluña-. En caso de separarse de España, Cataluña quedaría inexorable i automáticamente fuera de la Unión Europea, tal y como se han cansado de declarar, advertir y repetir las máximas autoridades europeas.

Curiosamente los excesos separatistas que están asolando Cataluña, se producen en una región que goza de uno de los niveles de autogobierno más elevados de toda Europa. Y conste que Cataluña no es, ni mucho menos la región española que tenga una balanza más desequilibrada con el conjunto de regiones que forman España y el Estado Español. Otras regiones como Baleares tenemos proporcionalmente una balanza mucho más deficitaria entre lo que recibimos y aportamos al Estado y por eso aspiramos legítimamente a que se corrija esta situación, sin que por ello, separarnos para hundirnos más sea ninguna solución, sino que sólo contribuiría a agravar la situación. Una aspiración legítima es reclamar una redistribución más justa de la riqueza regional y otra muy distinta y que constituiría un suicidio económico sería pretender salir de España y de la UE. Dentro de la Unión Europea, también los países más ricos como es el caso de Alemania por ejemplo, aportan más que los países más pobres. Nuestra forma de ser europeos es ser españoles. La unidad de España desde el respeto a su diversidad es un valor en sí mismo que debemos contribuir con todas nuestras fuerzas a preservar y uno de nuestros principios irrenunciables, porque juntos sumamos.

El separatismo ha intentado apuntalarse manipulando a la opinión pública hablando continuamente en nombre de todos los catalanes, usurpando una representatividad que no tiene para la mayoría de catalanes que no quieren separarse, invocando –confundiendo la parte con el todo- un supuesto apoyo de todo el pueblo de Cataluña que jamás han tenido y la misma Carme Forcadell llegó a hablar de un supuesto “conflicto entre el pueblo de Cataluña y el Gobierno de España”, soslayando el verdadero conflicto existente entre el Gobierno de Cataluña y una parte importante del pueblo de Cataluña y el conflicto existente entre los separatistas y el Gobierno de Cataluña por un lado, con una parte mayoritaria de su propio pueblo y de todo el conjunto del pueblo español por otro.

El separatismo ha intentado apuntalarse en supuestas razones históricas manipulando el pasado y llegando a presentar la Guerra de Sucesión, que fue sobre todo una guerra civil entre partidarios españoles de Felipe V i partidarios españoles del Archiduque Carlos de Austria, como una guerra entre Cataluña y el resto de España, cuando había partidarios de Austrias y Borbones en todas las regiones españolas y no han tenido jamás ninguna veleidad separatista Aragón, la Comunidad Valenciana o Baleares, que son las otras regiones españolas que –como Cataluña- se alinearon con los Austrias en su momento.

En el colmo del cinismo, el separatismo ha intentado apuntalarse incluso en la corrupción política aflorada en toda España y a la que Cataluña no ha sido nada ajena, hasta el punto de que proporcionalmente el partido más corrupto de España –incluso más que el PP, que ya es decir- ha sido y es CIU-PdCAT, con Jordi Pujol -el “padre espiritual” del separatismo catalán- y todo su clan a la cabeza, seguido por todos los Millet, Montull, Viloca, Rosell, Germà Gordó… etc., etc., etc. de turno. Hace mucho que la mentira separatista “España nos roba” ha caído por su propio peso en Cataluña, porque el saqueo de Cataluña ha sido cosa de los separatistas catalanes, de la oligarquía separatista catalana con el clan Pujol a la cabeza y el caso 3 % (que incluye mordidas incluso muy superiores al 3 %) es en realidad el caso CIU-CDC-PdCAT. Y de ahí la huida hacia delante de los conversos como Mas a un separatismo de conveniencias basado en la necesidad de los del partido de Puigdemont de escapar de la “justicia española”, léase JUSTICIA con mayúsculas. Según fuentes del Consejo General del Poder Judicial a tenor de los datos al respecto de este mismo año, Cataluña es la región española con más imputados por delitos de corrupción con 303, de manera que casi dobla a la segunda del ranking.

Y no deja de sorprender la clamorosa incoherencia de quienes invocando un supuesto “derecho a decidir”, no lo contemplan para nada en las “leyes de desconexión” de la quimérica “república catalana” que no permitiría desgajarse de su seno a zonas de clara mayoría españolista como el Valle de Aran, casi toda la zona de Tarragona y el área metropolitana de Barcelona con la capital del Principado a la cabeza. Porque nadie -ni siquiera los más delirantes separatistas- se imagina una ficticia “república catalana independiente” formada exclusivamente por las zonas de mayoría independentista: Gerona, parte de Lérida y una serie de enclaves -predominantemente rurales- diseminados por el resto de Cataluña.

Pero sobre todo los separatistas niegan el hipotético “derecho a decidir” al 85 % del pueblo Español en el que reside la soberanía nacional. Pues tal y como disponen la lógica, el sentido común y la Constitución Española la soberanía nacional reside en TODO el pueblo español.
El separatismo está hundiendo Cataluña, la está destrozando económicamente y provocando una fractura social sin precedentes en la sociedad catalana. Pero también está perjudicando muy seriamente la economía del resto de España e intentando conculcar los derechos de los demás españoles que también tenemos mucho que decir sobre que se hace en la casa común, ya que, de la misma manera que no es lícito que el propietario de una finca ubicada en una comunidad de vecinos decida prenderle fuego amenazando con destruir su propiedad y la de todos los demás, también los demás españoles tenemos nuestro derecho a decidir que no queremos incendios, ni que se nos impongan políticas incendiarias o/y suicidas dentro de España, ni que se creen fronteras artificiales que nos separen dentro de nuestra propia Patria.

Hace más de un mes que España y su bandera tienen una presencia multitudinaria, popular y hasta hace poco desconocida en la calle que algunos separatistas se habían llegado a creer que era una especie de patrimonio exclusivo suyo. Los que defendemos principios como la unión y la solidaridad frente a los excesos disgregadores del separatismo, hemos empezado a movilizarnos en todas partes y cada vez vamos ganando presencia en las calles, en las redes que se van poblando cada día que pasa de más y más gente que exhibe orgullosa la bandera de España. España ha irrumpido y está presente en las calles y en los corazones de todos los españoles que no queremos renunciar a serlo y ha llegado para quedarse.

Autor: Joan Triay